Crónica: Una marcha en familia

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Desde lejos, los colores se multiplicaron. Algunas miradas en el metrobús, antes de bajar en la parada de Reforma, eran de cierto sobresalto, cierto miedo, otras eran con sorna, con una carga de “pinches putos” en los ojos.

Texto Xavier Rodríguez / Fotos Fernando Arenas / SoyCitadino

Todo era sonrisas, besos, baile, conciencia… “¡Avanza para que disfrutes de tu fiesta!”, decía a la masa, una de las chicas encargadas de la coordinación de la marcha.

La invitación era a las 10:00 a. m. en el Ángel, victoria alada, de la Independencia. Al mediodía comenzaron a avanzar los contingentes. Y entonces comenzó el carnaval.

Las pancartas defendían el derecho a ser, a expresarse. Algunas consignas se dejaron oír: “¡hombro con hombro, pucha con pucha, lesbianas a la lucha! ¡Mi madre quería una niña, mi padre quería varón, por eso para complacerlos, yo me hice maricón! ¡Joto, marica, puñal, buga, trátanos igual!”.

Durante la marcha, algún automovilista en las cercanías hizo sonar su claxon de una manera ofensiva, aunque gestos como estos eran opacados por la música de la celebración, las sonrisas, el baile.

La mayoría de la gente alrededor veía un desfile, personajes de una auténtica fiesta de la carne, voluptuosidad y salacidad en pro de la libertad y los derechos humanos. Defendían, bajo olas multicolores, el derecho a ser y expresarse, a ser distinto. Por la diversidad. Simple.

“Y se necesita valor para salir a las calles así como salimos y defender nuestros derechos”, dijo en el templete del zócalo una integrante de “las reinas chulas”. Porque siempre habrá quien nos insulte o discrimine, sólo por ser, dijo.

Entre los oradores, alguno les dijo: “recuerden que somos un botín político… Si a la próxima van a votar y lo hacen sólo porque uno está guapo, mejor regrésense a su casa y lean el periódico.”

Todos sonreían a las cámaras y se detenían a posar. Algunas familias en el corazón de la ciudad asistieron para ver, participar, luchar.

“Son seres humanos, tengo muchos amigos gay, respeto sus preferencias; vine con mi esposa y mi hijo. Somos seres humanos con los mismos derechos.” Mario Ocaña, de 45 años, casado.

Óscar Muñoz, de 24 años, casado, quien acudía con su familia, consideró que “a mí ni me viene ni me va, pueden hacer lo que les guste”. Sin embargo, también consideró que “hay muchos de la comunidad gay que son muy ‘aventados’ con la gente heterosexual. Libertad para ellos mientras ellos no se metan con uno.”

“La información es escasa, la vemos en internet, en otros lados no existe. En México no estamos preparados… Estamos muy rezagados”, declararon Paty y Rafael, una pareja de 50 años.

Fueron cerca de 50 mil personas, a decir de la mayoría de las estimaciones. El Zócalo estaba cargado de un ambiente carnavalesco y de lucha, una manera de hacerse oír y respetar.

Al salir de la explanada, con la música retumbando en el centro de la ciudad, se podía sentir que había ocurrido algo, que algo estaba bien. Se pudo sentir la libertad, algo parecido a estar en familia, la gran familia Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI).

 

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